HÉCTOR LÓPEZ, UNA ODA A LA CASTA NAVARRA

 

Existe un rincón en el término municipal de Chiva, donde se encuentra la finca bautizada con el nombre de Cueva Morica, un santuario de la Casta Navarra. Un abismo de ojos saltones, atentos a todo lo que se mueva, de pelo encendido y natural arrogancia, esa altivez antigua heredada. Coronando todas estas características, sus hechuras, siluetas en forma de lira, que delatan la pureza de su origen.

Al frente se encuentra Héctor López, un apasionado por esta sangre. Al terminar el servicio militar, y sin antecedentes ganaderos en su familia, en 1982 tomó la decisión de comenzar su andadura ganadera. Para ello, estudió minuciosamente las ganaderías de esta procedencia. 

Siempre me he sentido atraído por su bravura, por ese picante que les caracteriza. No es un animal de un tamaño considerable, y eso le ayuda a tener mucha agilidad, rapidez y fuerza. Me encanta la chispa que tienen los animales.

              


Acudió a aquellas casas ganaderas más representativas, adquiriendo animales de Don Adolfo Lahuerta y José María Arnillas.   A finales de la década de los 90, cuando la ganadería gozaba de un buen estado dentro del panorama nacional, empezando a despuntar en pueblos y concursos de prestigio, tuvo que sacrificar todo su ganado. Fue en 1998 cuando la tuberculina trajo consigo la muerte a muchas ganaderías. Lejos de tirar la toalla Héctor volvió a Navarra para rehacer su vacada, apostó de nuevo por el hierro de Don Adolfo Lahuerta aunque esta vez, amplió su abanico con nuevas sangres, adquiriendo reses de Don Nicolás Aranda, Don Anastasio Antón y la familia Domínguez.

“Traje vacas de nota, animales que allí eran buenos, aquí fueron mejores porque en Navarra, la idiosincrasia de los festejos populares es distinta a la de la Comunidad Valenciana.”







Entre muros y silencios rotos por el bramido grave en busca de pelea, los machos de la ganadería miden sus fuerzas, con la misma fiereza con la que fueron creados. Su batalla será librada en las calles de Valencia, en donde la afición por el toro ensogado hace que los machos de Héctor, debido a su gran reputación, sean muy cotizados. Para esta modalidad la selección por parte de Héctor es muy estricta y rigurosa:

Ante todo, movilidad  y que busque, que sepa ir con la cuerda y que sepa reservarse, moderar sus fuerzas para llegar bien al final del festejo


















Con el paso del tiempo, muchos han sido los animales que por su casta han ayudado a cimentar los pilares de la ganadería. “Molinero”, “Nazarena”, “Limonera” o “Postinera” son solo algunos animales que brillaron en el pasado, su legado perdura en el presente y su trayectoria será siempre recordada.






En cuanto a las vacas, “Avellana”, “Jabalina”, “Cacereña”, “Pimienta”, “Cometa” y “Presumida” son nombres que muchos aficionados conocen debido a sus bravas y encastadas actuaciones.





















































Por último, expresar mi más sincero agradecimiento a Héctor por abrirnos las puertas de su casa y por su hospitalidad. Con estas líneas reconocer también y poner en valor su gran labor como ganadero, su constancia y su firme decisión de no tirar nunca la toalla, apostando con convicción por una casta única que forma parte esencial de nuestro patrimonio. Su esfuerzo diario y su compromiso son reflejo de una pasión profunda por este animal.

Asimismo, agradecer de manera muy especial a José López por guiarnos a lo largo de los distintos cercados de la vacada, compartiendo con nosotros su conocimiento, experiencia y dedicación.




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