EL PARAISO POR DON JUAN JOSÉ CANO MÚÑOZ

 

Hay paraísos construidos para el descanso, donde reina la calma y este paraíso del que os vengo a hablar no es uno de ellos. A orillas del río Tajo existe un lugar donde el tiempo ha dejado de obedecer al hombre, postrándose ante las bestias que lo gobiernan. Lo llaman “El Rincón” y es uno de esos paraísos que nunca se olvida. Bajo la sombra perpetua de encinas centenarias, los rayos apenas encontraban resquicios por los que filtrarse. 











Una tierra gobernada por animales que se erguían inmóviles entre los árboles, observando desde la penumbra como esculturas fundidas con el paisaje. Confundidos con sombras, observando en silencio mientras el fuego reflejado en su mirada delataba que estaban vivos. Sus pezuñas pequeñas, se hundían en la tierra, dejando tras de sí las huellas firmes de unos toros de aspecto fiel a la estirpe que preceden.

En pocos segundos el silencio fue devorado por bramidos que se escuchaban a lo lejos y resonaban entre los árboles, como si la dehesa respondiera a la llamada de aquel o de aquellos, que proclaman todo cuanto se extendía y desafiaban a todo lo que se alzase frente a sus astas. El eco recorría las lindes hasta regresar después, grave y profundo, como si la propia dehesa respondiera a la llamada de sus dueños.

Los resoplidos y reburdeos terminaban de completar el complejo lenguaje de una tierra áspera donde la bravura sigue escribiendo su historia lejos de los focos.

Allí entre el polvo suspendido en la oscuridad, los escasos rayos de luz descubrían cicatrices antiguas, testigos mudos del precio que exige la vida en el campo. Por la colina del cercado, en fila, subía una milicia ordenada minuciosamente sin necesidad de un oficial. Guerreros de arcaicas defensas y armónicas expresiones. Astifinos desde la cepa, la carta de presentación que no dejaba lugar a dudas de que su procedencia no podía ser otra: Núñez. Brevilíneos, bajos de agujas, finos de cabos y engatillados.  De cuello largo con un morrillo bien desarrollado. El claro ejemplo de que el trapío no son kilos, sino la capacidad de imponer respeto y miedo sin necesidad de excesos.

Pendiente en ambas orejas y sobre su anca izquierda, con un aroma añejo, lucen orgullosos el hierro forjado por un hombre que consiguió vencer a la muerte.






En aquel cercado había toros, como es el caso del número 55, que a pesar de su corta edad, infundían más respeto que muchos toros lidiados en plazas de renombre, otros, sin embargo, eran capaces de alterar el aire que los rodeaba. Los de pelo tostado, aquellos cuyas puntas negras se perdían en la oscuridad, dictando sentencia, pertenecían a esta segunda estirpe. Sobre su pelo ardía un tono cobrizo y antiguo, como si hubiera sido forjado entre brasas apagadas que nunca terminaron de extinguirse. 



              








La historia de esta ganadería se remonta a principios de los 2000 cuando Don Juan José Cano Muñoz, aficionado y un enamorado del toro bravo, tomó la decisión de comenzar su andadura ganadera. Para ello adquirió un lote de 100 vacas y sementales de la ganadería Sebastián Palomo Linares (procedencia Alcurrucén, de encaste Núñez). Aunque la vida, implacable, hizo que la divisa cacereña se vistiese de luto después de que el sueño de Don Juan José se viese personificado en forma de toro. Tras su fallecimiento, fue su mujer Amelia, quien regentó la ganadería junto a sus dos hijos, Aroa y Juan José, rebautizándola bajo el nombre de Hdros. De Juan José Cano Muñoz.

















































“En los tentaderos, bien sea de hembras o machos, se escogen previamente basándose en sus hechuras físicas y en el historial genético.

Le damos mucha importancia al caballo, es la prueba de bravura: que tenga fuerza y empuje durante la suerte de varas, la rapidez con la que acude y por supuesto, la fijeza.”









“Con respecto al encaste, mi Padre era un enamorado del toro bravo y el toreo a pie, quizás podría haber adquirido cualquier otro encaste, pero tuvo la oportunidad de comprar una partida de vacas al maestro Sebastián Palomo Linares y no dudo en hacerlo. Siempre quiso mantener la pureza del encaste sin buscar el toro más comercial, y seguimos en ese camino, porque estamos enamorados del encaste que formó Carlos Núñez Manso.”












“Lo mejor de este encaste es que, si se le consiguen hacer las cosas bien, son agradecidos y acaban rompiendo hacia delante y entregándose, embistiendo con gran clase, nobleza, fijeza y gran boyantía y yendo a más y a más a la largo de la lidia, hasta el punto de que, algunos incluso podrían morir embistiendo si no se les dejase de torear.

La verdadera bravura siempre tiene signo ascendente.”















Lejos del protagonismo reservado para los toros, se encuentran las matriarcas, el verdadero corazón de la ganadería. Aquellas en las que sobrevive la ilusión, el criterio y el trabajo de quien dedicó su vida a construir esta casa ganadera.

La vacada discurría fácilmente por aquellos caminos que habían sido creados generaciones atrás y que ahora los alevines de la ganadería se esforzaban por recordar. El encaste Núñez dota a sus vacas de un amplio abanico de capas aparte de una seriedad y belleza incomparable. Lejos de las aparatosas hechuras que hoy dominan otros campos, las pupilas de la familia Cano conservan a la perfección los caracteres de las viejas familias bravas.










En aquel cercado se medía constantemente la jerarquía, escribiendo historias que rara vez el hombre tenía el privilegio de contemplar. Allí permanecían, altivas aquellas a las que el tiempo había cincelado sus astas, con paciente crudeza, moldeándolas a su antojo. Aquellas defensas romas y los variados pelos, tejidos por siglos de selección, eran un libro abierto donde se podía leer el prototipo Rincón-Mora Figueroa. Carlos Núñez Manso, durante su proceso por crear el encaste Núñez, compró ganado de Manuel Rincón, procedente de Fernando Parladé, y que en aquellos tiempos estaba en manos de Indalecio García Mateo. Posteriormente adquirió animales de Mora-Figueroa procedentes de Pedrajas y Conde de la Corte, con el objetivo de consolidar el origen Parladé de la vacada. Dando como resultado animales bajos, hondos y badanudos. De cara acapachada y sienes estrechas, astigordos y cornicortos.

El paso de las primaveras no había logrado hacer mella sobre su fina piel. Su robusto lomo soportaba la responsabilidad que ningún otro podía asumir: mantener viva la obra de un hombre mucho después de su ausencia. En su interior seguía intacta la sangre de aquellas que podrían recibir el nombre de “fundadoras”, mientras los toros suponen el presente, ellas custodian el pasado y son las responsables del futuro de la ganadería Hdros. De Juan José Cano Muñoz.































Juan José ya no recorría aquellos cercados, pero sigue presente. Vive en los bramidos que atraviesan la noche, en las miradas desconfiadas de las vacas viejas y en cada becerro que nace en “El Rincón” y que consigo lleva una pequeña parte de esta historia que las vacas custodian celosamente, como si se negasen a permitir que el paso del tiempo borrase la memoria de su ganadero para siempre.

Hay hombres cuya memoria descansa en escritos o en lienzos. La de Juan José eligió un camino distinto: permanecer latiendo junto a sus animales. Por eso cuando la vacada camina junto al río, la acompaña la sombra de quien encontró en el toro bravo la forma más hermosa de desafiar al olvido.







Antes de abandonar este paraíso donde tradición, esfuerzo y memoria se entrelazan, solo me queda expresar mi más sincero agradecimiento a esta familia por abrirme las puertas de su hogar con una generosidad difícil de olvidar. Su cercanía, hospitalidad y amabilidad me permitieron conocer no solo una forma de vida, sino también el legado de un padre cuya huella permanece viva en cada recuerdo, en cada enseñanza y en cada paso que hoy continúan recorriendo Amelia, Aroa y Juan José.

Gracias por compartir vuestra historia, por mostrarme este maravilloso encaste y por permitirme descubrir la esencia de un legado que sigue latiendo con la misma fuerza que lo vio nacer.





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